sábado, 24 de enero de 2009

B085- Consideraciones al período 1955-1983

Boletín de fecha 19 de diciembre de 2006

Los que relatamos estos boletines sobre la guerra interna de las décadas del 60 y 70 sobre la base de libros, documentos de los actores de la misma, diarios, revistas y testimonios de lo sucedido, con la denominación “LA GENERACIÓN QUE VIVIÓ LOS HORRORES DE ESA GUERRA”, decidimos iniciar el relato histórico a partir de 1955, por entender que los sucesos políticos de ese año y siguientes, que tuvieron como actor principal a Juan Domingo Perón, sumados a la revolución cubana de 1959, y otros factores mundiales vigentes, tenían íntimamente que ver con la tragedia que se desató poco a poco en nuestro país, alcanzando su mayor virulencia en los años 1974 y 1975.

Al comprobar que la población en general, y en especial los menores de 40 años, desconocían los acontecimientos tal como sucedieron y que estaban intencionalmente mal informados , o mejor dicho “desinformados , debido a la gran difusión de datos falsos, tergiversados o incompletos, decidimos, como lo expresamos en el Boletín Nro 1, abocarnos a la tarea de cubrir esa falencia de información utilizando este medio de fácil acceso para los lectores.

No es casual la fecha de inicio de los relatos, ni tampoco estas consideraciones al final del último gobierno de facto, que enmarca básicamente el desarrollo y el término del conflicto armado – la guerra- ( excepto un episodio posterior en La Tablada). Entendemos que temporalmente existen dos partes que consideramos distintas teniendo en cuenta la estrategia usada por quienes atacaron al Estado argentino tratando de cambiar la forma republicana por una dictadura marxista-leninista, al estilo cubano:

Una “1ra Etapa” del desarrollo y fracaso de la vía armada. ( Desarrollada en los boletines difundidos) y una “2da Etapa” a tratar, (a partir del gobierno del doctor Raúl R. Alfonsín), donde continuarán y se acrecentarán las secuelas del conflicto armado, mientras los ideólogos y ejecutores de la vía armada para tomar el poder, ante el fracaso militar, variarán su estrategia manteniendo el objetivo de tomar el poder, aprovechando las debilidades del sistema político argentino y sus fracasos económicos.

En esta primera etapa recorrida, nos hemos dedicado preferentemente a informar sobre el pensamiento, los objetivos, la preparación y las acciones terroristas cometidas por los revolucionarios (guerrilleros y partisanos). Esto fue así por cuanto las operaciones de las Fuerzas Armadas de ese período ya han sido expuestas sobradamente en más de cien libros, revistas, folletos, videos y películas editadas por ex terroristas subversivos y sus simpatizantes, y difundidos por las Organizaciones No Gubernamentales de Derechos Humanos (ONG-DDHH) “unidireccionales”, así como por los medios de comunicación social, que contribuyen a la desinformación. (MCS).

Todos ellos han mostrado su intencionada visión de los hechos históricos con omisiones fundamentales, alteraciones o tergiversaciones sistemáticas, que alimentaron una descomunal e ininterrumpida campaña de acción psicológica destinada a denigrar a nuestras Fuerzas Armadas, denunciándolas por crímenes de toda naturaleza y básicamente asignándoles la responsabilidad de haber iniciado ese conflicto armado, cuando , como hemos visto, ocurrió exactamente lo contrario.

Esta campaña de acusaciones, por su intensidad y duración, se ha instalado en la conciencia colectiva de nuestra sociedad como “verdad revelada” o “pensamiento único” y ha facilitado a funcionarios políticos, jueces y abogados de las ONG que lucran con grandes sumas de dinero obtenidas , consumar una persecución de los cuadros militares que llega hasta nuestros días, 30 años después de la guerra fratricida.

En el desarrollo de nuestro trabajo creímos necesario enmarcar cronológicamente el relato de la actividad terrorista en la situación política que se vivía , a efectos de dar a conocer o recordar situaciones y acontecimientos que se fueron produciendo en nuestro país, a partir de la decisión adoptada por las organizaciones subversivas terroristas, de sistematizar y profundizar el ataque a las instituciones del Estado nacional mediante la “Guerra Revolucionaria Prolongada”.

Debemos remarcar que esta concepción de la guerra revolucionaria local maduró y se desarrolló sobre la base de condiciones particulares que se dieron en el orden mundial, regional y local, que indujeron y facilitaron ese proyecto de intento de conquista del poder por las armas.

También fue necesario referirse una vez más al papel de Cuba, de Fidel Castro y del partido comunista cubano, que fueron probadamente los mentores ideológicos y los que adiestraron y apoyaron a todos los movimientos revolucionarios latinoamericanos de la época, actuando como herramienta de la URSS.

“LA TRICONTINENTAL” (Primera Conferencia de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América latina) realizada el 3 de enero de 1966, fue el inicio del planeamiento para llevar a toda América latina, y en especial a nuestro país, el conflicto URSS-EEUU, bajo la forma del desarrollo de una guerra revolucionaria. Al año siguiente, la “OLAS” ( Organización Latinoamericana de Solidaridad), impulsó la creación y luego coordinó todos los movimientos armados marxistas latinoamericanos.

Esa agresión estuvo disfrazada de motivaciones nacionales adaptadas para cada país en particular. Así aparecieron los slogans contra “el imperialismo capitalista, el FMI, la explotación de los obreros, las dictaduras militares” o por “el regreso de Perón”, etc. En la Argentina ese argumento falaz duró sólo hasta 1973 en que asumió un gobierno constitucional. A partir de allí las exigencias y slogans cambiaron por “profundizar la democracia”, “el gobierno en manos del pueblo” “cogestión obrera y popular” etc., mientras continuaban las diatribas contra el “imperialismo yanki”. Además persistieron en sus ataques contra ese gobierno e instituciones y en el desarrollo de sus organizaciones, las que tuvieron su mayor expansión en el año 1975, durante el gobierno constitucional de la señora de Perón.

En ese mismo gobierno constitucional fue cuando se adoptó la crucial decisión de emplear el poder militar ( decretos del 5 de febrero y del 6 de octubre de 1.975) y convertir ese “enfrentamiento en crecimiento” en una “guerra oficial”, para evitar el riesgo de caer en una situación prerrevolucionaria incontrolable, objetivo intermedio que buscaban y declaraban las fuerzas revolucionarias armadas para consumar el asalto al poder.

A partir de marzo de 1976 y con las Fuerzas Armadas con la suma del poder político, la situación de crecimiento sostenido de las organizaciones subversivas armadas terroristas comenzó a revertirse en forma notoria.

Producida la derrota incuestionable, los ideólogos, los dirigentes y abogados militantes de izquierda y las organizaciones de derechos humanos, muchas de ellas creadas por los mismos terroristas, volcaron todo su esfuerzo y creatividad en dos acciones básicas: la de infiltrarse en los partidos gobernantes y la de desinformar a la población (sobre todo a la juventud) de lo que verdaderamente sucedió en nuestro país. Usaron para ello su gran capacidad en el ámbito de la comunicación, tanto en el país como en el exterior y el apoyo brindado por gobiernos y organismos de ideologías izquierdistas.

Reiteramos que la agresión desarrollada contra las instituciones y la sociedad argentina - mostrada parcialmente en esta serie de boletines - no fue ni es presentada actualmente con objetividad por los medios de comunicación social, razón por la que se está distorsionando la historia reciente, al desinformar a la población presentando los hechos en forma parcializada, incompleta, fuera de contexto o, lo que es peor, mintiendo e instalando en la psiquis colectiva versiones que no se ajustan a la verdad.

Han pasado más dos décadas desde que finalizó la “Guerra Revolucionaria” implantada en la Argentina bajo la forma de estructuras políticas armadas que aplicaban el terrorismo en forma sistemática. También han transcurrido dieciséis años del último e incomprensible ataque al Regimiento 3 de Infantería de La Tablada durante el gobierno del Dr. Raúl Alfonsín, quien identificara a sus autores como “elementos irregulares de filiación ultra izquierdista” ( al mando del indultado terrorista Gorriarán Merlo, quien hasta su reciente muerte estuvo al frente de un partido político creado por él , demostró categóricamente no creer en las bondades de la democracia aunque sí gustó de utilizarla cuando convino a sus fines).

Deberíamos suponer entonces que, transcurrido ese tiempo, esos hechos relatados pertenecen a la historia y que como tal, lo principal a rescatar, son las enseñanzas que nos dejaron para que los argentinos no nos volvamos a equivocar. Que todos los actores - por acción o por omisión - políticos, militares, industriales, gremialistas, religiosos, periodistas, educadores, educandos, escritores, ideólogos, etc., ya habrían efectuado su autocrítica con la mirada puesta en la necesidad de la superación de tragedias pasadas que nos permitan llegar a una paz social entre los argentinos.

El Protocolo II, adicional a los convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949 relativo a la protección de las víctimas de los conflictos armados sin carácter internacional, que encuadra el conflicto argentino, cita en su “Título II”, “Artículo 6” Apartado Nro 5, lo siguiente: “A la cesación de las hostilidades, las autoridades en el poder procurarán conceder la amnistía más amplia posible a las personas que hayan tomado parte en el conflicto armado o que se encuentren privadas de su libertad, internadas o detenidas por motivos relacionados con el conflicto armado”.

Pese a tan clara exhortación, la mayoría de nuestros dirigentes políticos ha hecho caso omiso de las recomendaciones de este Tratado Internacional aprobado en 1977 e incorporado a nuestra legislación por Ley Nro 23.379 sancionada por Alfonsín y publicada dos años tarde, en octubre de 1986.

Como consta en nuestro Boletín Nro 81, el gobierno de facto dictó la “Ley de Pacificación Nacional” y su complementaria la “Ley de de Indemnizaciones” (ver Boletín Nro 83) con el espíritu de una amnistía general y amplia, basada sobre la experiencia internacional trasuntada en el ya referido Protocolo II, , que fueron derogadas por el gobierno de Alfonsín. Ese Presidente y su gobierno, por razones ideológicas, se negaron posteriormente a dictar esa amnistía amplia que requería la pacificación nacional. Por ello hoy nos encuentra 30 años después, con las instituciones armadas imputadas en soledad por lo sucedido, los terroristas de ayer formando parte de las instituciones que quisieron destruir , una gran indisciplina social, la pobreza extendida a casi el 50% de la población y la Defensa Nacional resentida seriamente.

Por esa omisión de la experiencia mundial y por la exacerbación de odios y rencores del sector de los revolucionarios que atacaron a las instituciones, no han podido cicatrizar las heridas producidas por la guerra pese a los años transcurridos y , por el contrario, se han reiniciado y profundizado los sentimientos de venganza y persecución contra las instituciones armadas y sus miembros que sólo cumplieron las órdenes del poder político.( La Directiva Estratégica Militar 1/75 impartida por el Consejo de Defensa Nacional, presidido por el Ministro de Defensa, decía: “MISIÓN: Ejecutar la ofensiva contra la subversión en todo el ámbito del territorio nacional para detectar y aniquilar las organizaciones subversivas a fin preservar el orden y la seguridad de los bienes, las personas y el Estado”. Y el Art 6.B.3. taxativamente mandaba : “Aniquilar los elementos constitutivos de las organizaciones subversivas a través de una presión constante sobre ellas”). La actitud denominada “subversiva” fue calificada jurídicamente como “delito de sedición” en los considerandos del Decreto Nro 2.452 del 12 de noviembre de 1975.

Nosotros, la generación que vivió esta guerra sin desearla, pensamos que no es sobre las recriminaciones de los sufrimientos mutuamente inferidos y provocados como se ha de construir la unión nacional, sino sobre la voluntad sincera de una verdadera pacificación, dejando de lado el resentimiento y los deseos de venganza de aquellos cuya alma está y siempre estuvo, preñada de odio y rencor. Nuestro país ya ha tenido muchos muertos y heridos en esa lucha fratricida. Su memoria nos obliga a mirar adelante pensando en las presentes y futuras generaciones.

FIN DEL BOLETÍN Nro 85.-

BOLETINES PARA COLECCIONAR

Es una serie informativa sobre acontecimientos de nuestro pasado reciente , destinado principalmente a quienes no los vivieron y para los que los olvidaron .
Su exposición no busca polemizar ni agraviar , sino lograr la concordia a través de la verdad y la equidad en el tratamiento de los dramáticos sucesos vividos en la década del 70 que vienen siendo parcializados y distorsionados mediante una campaña de mentiras y desinformación interesada.