martes, 30 de diciembre de 2008

B056- Montoneros y el suicidio con cianuro


Boletín de fecha 09 de mayo de 2006

Introducción.

Las organizaciones revolucionarias terroristas eran estructuras clandestinas que dependían de su capacidad de mimetización dentro de la población para poder sobrevivir y multiplicarse con el fin de ir desarrollando sus estructuras y acrecentando su personal y recursos.

Esa clandestinidad, las “obligaba” a adoptar una estructura celular que sólo permitía el contacto y conocimiento de actividades de un muy pequeño número de militantes ( normalmente 2 a 4 ) que, conectados en cadena, podían configurar estructuras mayores aptas para distintas misiones. Esta orgánica constituía en esta etapa de la guerra revolucionaria, su principal factor de fortaleza,.

Su supervivencia dependía de las medidas de seguridad adoptadas para no ser detectados, identificados y localizados. Por ello, esas medidas eran respetadas y ejecutadas cuidadosamente ya que de ellas dependía que no fueran apresados o muertos , según las circunstancias, y lo que era peor para la organización revolucionaria, que el prisionero aportara información sobre los demás miembros y actividades que iban a permitir la neutralización de las acciones previstas y de toda la estructura conectada.

Era norma que todo militante en la clandestinidad ( con nombre “de guerra”, documentos falsos y una historia ficticia personal y familiar ) tenía que conocer lo menos posible de los demás integrantes clandestinos y de sus actividades y a su vez negar datos sobre su vida real, como una forma mayor de seguridad para él y el conjunto de la organización.

No obstante esta práctica, esa estructura celular tenía un “talón de Aquiles” que era la necesidad de comunicarse personalmente con su superior, sus compañeros o sus subalternos. La forma habitual era por medio de citas ( encuentros ) a veces previstos con varios días o semanas de anticipación y en algunos casos, sin conocer físicamente al “otro”. De allí que utilizaran códigos ( telefónicos, visuales, etc) y fueran entrenados especialmente en la forma de llegar al domicilio, de encontrarse en un lugar público o para abordar un vehículo “trucho” dejado en la calle.

El peligro de la cita era que “el otro” hubiera sido apresado y estuviera colaborando con las fuerzas enemigas facilitando su captura. Por eso, como una medida precautoria de aviso sobre “una anormalidad”, los horarios tenían una tolerancia acordada que permitía apreciar que el “no llegado” o “no regresado” podía haber sido apresado, por lo que el resto debía entrar en “emergencia” ( escapar llevando documentación, armas, dinero, etc).

En síntesis, el tiempo , tanto para unos ( los terroristas) como para los otros ( militares) era un factor de alto valor. Los primeros lo necesitaban para que se alerten sus compañeros y escapen y los segundos, para obtener información y actuar rápidamente para evitar un gran riesgo ( por ejemplo un atentado inmediato) o poder apresar otros terroristas subversivos antes que desaparezcan .

¡ La rapidez en obtener la información siempre fue, en este tipo de guerra, la llave para resolver el problema táctico!

Apresamiento de Roberto Quieto como disparador del suicidio de los Montoneros.

A fines de 1975, por una imprudencia cometida al no respetar las medidas de seguridad, fue apresado el segundo en jerarquía de Montoneros, que tenía el “grado militar de oficial superior”,el abogado Roberto Quieto, que formaba parte de la Conducción Nacional (CN) y que había sido cabeza de las Fuerzas Armadas Revolucionarias que se habían fusionado con la primigenia Montoneros el 17 de octubre de 1973. Quieto, fundador de las FAR, era hombre de ideología marxista leninista como todos los integrantes de su organización. “Un revolucionario” con mucho prestigio entre los más jóvenes que lo veían como un modelo a seguir.

A partir de ese apresamiento, se multiplicaron las caídas de miembros de jerarquía en las citas nacionales, los allanamientos de depósitos de armas y equipos, de imprentas y de fábricas de armamento, que conocía el mencionado terrorista. Ante la evidencia de sus delaciones, la CN, de inmediato tomó medidas para evitar mas bajas de personal y pérdida de armas y equipos, pero el gran daño moral y material estaba hecho. Se le hizo un juicio sumario y la condena por “traición”, fue la pena de muerte, que no se pudo llevar a cabo porque nunca volvió a aparecer. Algunas versiones lo daban fuera del país con identidad cambiada, como parte de una negociación.

A principios de 1976, analizadas las circunstancias y sus consecuencias - por iniciativa del terrorista Nelson Latorre “NG Pelado Diego”- la CN decidió elaborar una pastilla de cianuro que debían portar los miembros de mas alto rango a efectos de, antes de caer en manos del enemigo, suicidarse para no delatar a nadie como lo había hecho Quieto. ( Es necesario dejar constancia que el destino le jugó una mala pasada al mencionado Latorre, ya que un tiempo después, su pareja, Inés Goldemberg “NG Yuyito” , se suicidaría ingiriendo la pastilla con veneno al ser descubierta en un control de frontera ).

Campaña de Acción Psicológica para generalizar el suicidio y no ser apresado.

Sin embargo, esta medida no fue suficiente porque se produjo una gran caída de niveles intermedios quienes con sus delaciones, al ser apresados, afectaron cada vez más a la organización. Por ello , se decidió extender a todos los niveles de combatientes- todos los oficiales y milicianos - ( Ver Boletín Nro 35) la obligatoriedad del uso de la pastilla de cianuro ( eran distribuidas por el servicio de “Sanidad” de las “Columnas” en las distintas zonas) para evitar las colaboraciones y delaciones que se venían produciendo cuando eran apresados con vida, especialmente cuando en los centros de detención encontraban otros miembros de la organización – incluso jefes - que creían muertos o desaparecidos, colaborando con quien consideraban “el enemigo”.

A mitad de ese mismo año -1976- comprobaron que ante su captura inminente casi nadie se suicidaba porque privaba el instinto de conservación por sobre las directivas de los más altos niveles de conducción. Esta comprobación acerca de su incumplimiento, hicieron que la CN organizara una campaña secreta de acción psicológica con el fin de convencerlos, vía reuniones de adoctrinamiento y boletines internos de que era mucho mejor suicidarse que soportar los “las horripilantes torturas ” que los iban a convertir en traidores sin ningún beneficio, porque al final los iban a matar igual.
De esa manera sembraron el pánico entre quienes, ante la posibilidad cierta de ser apresados, se suicidaban, para no sufrir los supuestos “horribles e inimaginables tormentos” durante los interrogatorios.

La realidad fue que aquellos que no lo hicieron (o fueron rescatados de la muerte), en su mayoría colaboraron voluntariamente con las fuerzas que los tenían prisioneros traicionando a sus compañeros.

A partir de 1983, cumpliendo un plan de ofensiva jurídica contra las FFAA preparado por los abogados de las organizaciones de los “derechos humanos”, varios de ellos (liberados por las FFAA) deambularon por los tribunales y medios de comunicación social haciendo acusaciones, muchas de ellas probadamente falsas, y descripciones exageradas de sus sufrimientos para justificar sus traiciones, que le servían además, para lavar su conciencia.

La pastilla o cápsula de cianuro y su utilización.

Las “pastillas de cianuro” fueron inicialmente sólidas o en polvo (cápsulas plásticas), su efecto no era instantáneo y la distribución no alcanzó a cubrir toda la organización, por lo que algunos niveles menores debieron confeccionarla de manera artesanal y sin prueba de su efectividad. Luego de las primeras experiencias, las fuerzas de seguridad y militares adquirieron destreza para neutralizar los efectos del cianuro y salvar la vida del suicida.

Entonces, Montoneros, reemplazó la pastilla de cianuro sólido por un tubo de vidrio con cianuro líquido, que en los casos de riesgo llevaban en la boca. El vidrio -al ser mordido- producía heridas que posibilitaban una absorción más rápida del cianuro líquido y con ello un efecto más rápido con menor la posibilidad de neutralizarlo.

El suicidio por envenenamiento para evitar los interrogatorios y negar información fue un método usado orgánicamente sólo por Montoneros.

Al término de esta etapa de la guerra, entre 1976/79 los subversivos muertos por “empastillamiento” fueron centenares. A pesar de ello, la organización no logró el objetivo buscado de evitar la neutralización de su estructura orgánica y su CN tuvo que fugar del país para evitar su captura o muerte.

Testimonios vinculados con el tema

1.-Del Libro “Ese Infierno” - Editorial Sudamericana
Conversación con mujeres sobrevivientes de la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada): Miriam Lewin (periodista), Nilda Actis (muralista),Elisa Tokar (psicóloga social), Liliana Gardella (antropóloga), Cristina Aldini (maestra) y Adriana Marcus (Médica), todas miembros de Montoneros.

Miriam: “todos pagamos un precio por sobrevivir, pero no todos los precios fueron iguales”……
Adriana: “lo pagaron los que abandonaron la militancia, los que se fueron, los que se quedaron, todos tuvieron que negociar o poner algo en juego para sobrevivir”…… Pero fallaba,( la pastilla ) más en el caso de los militantes de base que la fabricaban artesanalmente, obviamente, sin posibilidad de verificar su funcionamiento.”
Miriam: “Yo la había hecho con un rouge de cotillón y con varias vueltas de cinta aisladora negra para que no le diera la luz. Pero hasta que mordí eso ya me la habían sacado……

2.-Del Juicio a las Juntas - 1986
Miriam Lewin: (respondiendo al Juez Arslanián): “En ese momento, yo tomé una determinación que fue muy seria, ahora con el tiempo, recapacito, pero en ese momento, por la desesperación, por las noticias que yo tenía de terribles torturas como.....no se, puedo nombrar una: ratas en la vagina, ese tipo de cosas.....por la desesperación y el terror, yo había confeccionado junto con una amiga, actualmente desaparecida, una cápsula que contenía cianuro, para quitarme la vida..........bueno, en ese momento me llevo la cápsula a la boca, pero esa gente consigue arrebatármela estrangulándome y metiéndome los dedos en la boca.”
……“No, en la Escuela de Mecánica no fui sometida a ninguna tortura física.”

Graciela B Daleo: declaró que “fue una de las víctimas de los años de plomo.” Dijo que al ser detenida le quitaron 3 pastillas de cianuro, una de la boca, otra del bolsillo y una tercera oculta en el corpiño……

Algunos nombres de suicidas .

El único miembro de la CN que se suicidó ingiriendo la pastilla fue el “oficial Superior” Julio Roqué NG “Lino” en marzo de 1977 después de un enfrentamiento a tiros y antes que lo apresaran, estando herido.
Liliana Inés Goldemberg, NG“Pastito”explicado al comienzo.(Revista “Vencer”Nro 5 de1980)
Eduardo Escabosa. Se suicidó junto con la anterior.
Francisco “Paco” Urondo, Poeta y escritor, se suicidó en Mendoza el 15 de junio de 1976, antes de ser apresado por una patrulla militar.(libro “Confesiones de un Montonero” Pág 42 y 161 )
Carlos Valladares NG “Oveja”. El 1de octubre de 1976 fue sorprendido en el Aeropuerto de Carrasco, Uruguay, y se tomó la pastilla de cianuro.( libro “La Voluntad” tomo III , Pág 176/7)

Consideraciones finales.

Esta metodología del suicidio por una causa política, constituyó un cambio en la cultura judeo-cristiana sobre el valor de la vida que tenía el argentino, ya que el militante combatiente se mataba para salvar una estructura de revolucionarios que empleaban el terrorismo como método.

Hoy, un paso más adelante y en la misma dirección, el terrorismo entrena y motiva suicidas, sin importar sexo ni edad, para cumplir su finalidad política.

FIN DEL BOLETÍN Nro 56.

BOLETINES PARA COLECCIONAR

Es una serie informativa sobre acontecimientos de nuestro pasado reciente , destinado principalmente a quienes no los vivieron y para los que los olvidaron .
Su exposición no busca polemizar ni agraviar , sino lograr la concordia a través de la verdad y la equidad en el tratamiento de los dramáticos sucesos vividos en la década del 70 que vienen siendo parcializados y distorsionados mediante una campaña de mentiras y desinformación interesada.